Muchos padres han consumido marihuana o hachís siendo jóvenes y no han desarrollado una adicción. Ahora, con los años, ven que sus hijos consumen cannabis y le quitan importancia. Sin embargo, la ciencia desmonta 3 falsas creencias sobre los porros:

  1. ¡Pero si todos fuman!

Que sea un consumo muy extendido no quiere decir que sea inofensivo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adicción como una enfermedad crónica del cerebro previa al consumo. Es decir, estaba ahí antes de probar el primer porro o tomar la primera copa y, por muchos años que dure la abstinencia, te acompañará hasta el último de tus días. 

La adicción es una enfermedad y, por tanto, no es lo mismo que una persona no adicta se fume un porro a que lo haga una persona adicta. ¿Por qué? Porque lo que caracteriza a esta enfermedad es el deseo compulsivo e incontrolable de buscar y consumir. Es decir, ese porro a ti no te generó un desequilibrio, pero si tu hijo es adicto, entonces a él le está abriendo las puertas del infierno.

  1. Son cosas de jóvenes

El entorno del adicto no se puede lavar las manos achacando nada menos que una adicción a “cosas de la edad”. De hecho, no existen programas de prevención que no impliquen a la familia y al entorno de los adolescentes y jóvenes. Como dice la Dra. Judith Grisel, todas las experiencias vividas impactan en el cerebro modificando su actividad y nuestro comportamiento. Es así como se forja nuestra identidad. 

Si tú eres permisivo, estás ayudando a despertar a la bestia. Te conviertes en un factor externo más que contribuye en la vida de tu hijo al desarrollo de los desórdenes que el consumo de sustancias implica en grandes franjas de tejido neuronal, que afectan a la motivación y el aprendizaje. 

  1. Es una droga blanda

No le quites importancia. El 85% de las conductas adictivas que precisan atención sanitaria es por consumo de cannabis. Su impacto sobre la arquitectura neuronal es demoledor. 

Durante la adolescencia se produce la denominada “poda neuronal”. Es decir, se eliminan las conexiones neuronales que no tienen uso (poda) para fortalecer otras zonas del cerebro más necesarias que se siguen desarrollando. Pero el consumo de cannabis altera este proceso generando problemas en la memoria, el aprendizaje y en funciones ejecutivas como la planificación, toma de decisiones, control de impulsos, problemas para mantener la atención, etc. 

Además, hay una relación directa entre el consumo de cannabis y la aparición de trastornos psicóticos, como obsesiones compulsivas o brotes esquizoides en adolescentes y jóvenes.

Si tu hijo está comenzando a fumar porros o quizás lleva tiempo expuesto a sus efectos, su salud está corriendo un grave riesgo. Si necesitas asesoramiento para poder ayudarle, llama al 954 353 954 y pide una cita con nosotros. La 1ª Consulta es gratuita. En Guadalsalus sabemos cómo ayudarte.

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