En el adicto se da una gran alternancia de estados de ánimo o labilidad emocional. A estallidos de ira le suceden sentidas peticiones de perdón fruto de un gran sentimiento de culpa. Sin embargo, no hablamos aquí de ese sentimiento de culpa con el que intentan lograr que los perdonen por sus excesos. En realidad, no se puede esperar que ese comportamiento traiga un cambio verdadero.

Aquí hablaremos del sentimiento de culpabilidad de la familia. Siempre algunos miembros de la familia de un adicto en estado avanzado viven una tendencia generalizada a considerarse responsable de la situación padecida:

  • Creen que si los lazos familiares mejoran, el adicto mejoraría y disminuiría su consumo.
  • Que si la familia cambia, el adicto dejaría de serlo.
  • Que toda la responsabilidad (vivida en clave de culpa) recae en los hombros de la familia.

Pero esta argumentación es falsa y, además, no ayuda en absoluto al paciente. La prueba más sencilla la encontramos cuando un adicto deja a su familia para formar otra… ¿Y qué sucede? Que, en general, recaen y vuelven a crear caos y devastación alrededor suyo si continúan consumiendo. Hay, por tanto, un responsable principal: el adicto.

Que la familia sea consciente de esto es muy necesario. La culpa paraliza. En cambio, la responsabilidad nos ocupa en la búsqueda de soluciones: 

  • Si la familia se siente culpable, no buscará soluciones adecuadas, sino que creerá que mejorando su paciencia o manera de comunicarse con el adicto todo irá mejor. Por este motivo, no todos los familiares piden que el adicto acepte tratarse. Es más, cuando están en tratamiento y observan la mejora del primer mes y medio, incluso lo invitan a abandonar el tratamiento.
  • En cambio, la familia que sabe que la responsabilidad recae en el adicto, trata por todos los medios de poner en sus manos las herramientas adecuadas para rehabilitarse. Y además lo quieren en tratamiento lo antes posible, ya que sus vidas se han transformado en un infierno. 

Es justamente gracias a la insistencia de las familias y de otras personas implicadas en el problema que los adictos aceptan tratarse. No debemos olvidar que es justamente un ultimátum del entorno lo que hace reaccionar al adicto y lo lleva a aceptar tratarse. Este le permite tomar conciencia de que hay un peligro de ruptura inminente. 

Claro que es importante que el adicto aprecie esa relación familiar y quiera seguir en ella, no perderla; si no, la presión ejercida no daría el resultado esperado. Pero es igualmente importante que la familia reaccione de forma contundente, no de modo permisivo y sin poner límites.

Es curioso observar que no sólo los adictos desarrollan altos niveles de tolerancia al consumo. También los codependientes: ellos poseen una gran tolerancia, pero se manifiesta en su psique. Es realmente asombroso cómo pueden llegar a soportar tanto, a justificar todo, a pasar por tantas crisis, cómo pueden ir al trabajo sin que nadie se dé cuenta de que tienen un problema. 

Es más, al igual que el adicto, el codependiente muchas veces se siente orgulloso de poder soportar tanto, de manejar todo. Durante mucho tiempo están convencidos de que serán ellos quienes «curarán» y «salvarán» a la persona de su adicción… sin ver el precipicio en el que caen tratando de lograrlo.

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