¿Cuándo el alcohol deja de ser una diversión y se convierte en una adicción? ¿Cuándo beber alcohol deja de ser una forma culturalmente aceptada de socialización y se convierte en una necesidad? Hay una serie de signos que te ayudarán a reconocer una adicción al alcohol

Presta mucha atención porque, si los siguientes signos que te presentamos estaban ausentes antes del incremento preocupante del consumo de alcohol, entonces forman plenamente parte de los trastornos en los alcohol-dependientes. Veamos los 10 más frecuentes:

  • La pérdida del placer después de beber: Hablamos de ella en nuestro anterior artículo 2 de cada 3 alcohólicos no sienten placer cuando beben.
  • El consumo furtivo: Durante una fiesta la persona se esconderá para beber dos copas de más. En este sentido, es muy llamativo el ingenio de las mujeres para esconder las botellas, debido a que la valoración social es más dura cuando son ellas las que consumen. 
  • La vergüenza y el disimulo: Como consecuencia, aparecen la vergüenza y el disimulo. En el inicio, el disimulo viene a romper con el exhibicionismo en la bebida. La persona niega sus excesos a otros, pero también a sí mismo. Es decir, se cree sus propias mentiras. Verbaliza mil excusas para beber: «¡Si encontrara trabajo… Si mi mujer volviera conmigo…». Pero nadie que haya realizado esos deseos puede luego curarse de la bebida. 
  • Las mentiras: ¿Por qué mienten? Al principio, procuran ahorrarse las continuas reprimendas. En cambio, el alcohol le termina poniendo al dependiente una máscara de hierro. No es una elección, esa máscara es padecida. Su portador es disimulado por ella antes de ser un disimulador.
  • Irritabilidad y odio: Se multiplican los cambios de humor y el alcohólico se vuelve irritable. Vive embargado por la ira y el odio. Los celos enfermizos se hacen cotidianos tanto si el sujeto bebe como si no. Entonces aparecen los malos tratos. Cuando en la intimidad la esposa se esfuerza disimulando su repulsión, es frecuente que el alcohol-dependiente lo interprete como un indicio de infidelidad. Sin embargo, la cólera y el odio están dirigidos tanto contra sí mismo como contra otros: 
      • «Ignoro a mi familia, el odio está allí. La muerte no me quiere. Querría morir, querría desaparecer. Tengo vergüenza de mí. Sólo es por el odio y el sufrimiento que existo… Tengo miedo de la verdad…». 
  • Ausencia de otras emociones: Las emociones positivas dan paso a otras como la angustia, el sufrimiento, la desesperación, la vergüenza, la cólera y el odio, que terminan invadiendo el campo de la conciencia. La cabeza rumia maldades y el corazón se convierte en un témpano de hielo, frío y duro.
      • «Me volví un hombre cínico, intolerante y arrogante, contrariamente a lo que había sido normalmente». 
  • Pérdida de la comunicación: Cualquier comunicación está anulada, sobre todo con los familiares, mientras que una fachada de insignificantes palabras aún da el pego en los lugares de trabajo.
      • «La alegría de vivir me dejó. Luego el odio se adueño de mí y me encerré en mí mismo. En casa, mi esposa y yo podíamos pasamos más de una semana sin hablarnos».
  • Rupturas afectivas y sociales: A medida que pasa el tiempo, la dependencia incrementa las dificultades en todos los dominios de la vida. Las rupturas afectivas o sociales se producen pronto o tarde, con el distanciamiento de la pareja, pérdida de la vivienda, desempleo o ruina, miseria.
  • La regresión de la tolerancia: Aparece en un estadio tardío, después de años de dependencia. Al principio el bebedor tomaba cada vez más alcohol. Al final, dos o tres copas lo tiran por tierra. De hecho, sorprende ver empeorar el estado de la persona cuando está bebiendo menos.
  • Otras: También son comunes el insomnio y las pesadillas. Las convulsiones y alucinaciones son más raras. La calidad de vida deviene detestable.

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