Como sabemos, hay personas que no entienden la adicción como una enfermedad, sino como el síntoma de un problema subyacente. Según esa teoría, si ese problema se logra identificar y extinguir, la persona dejaría de ser adicta y podría volver a consumir de forma moderada y con control.

Es la tendencia conocida como del “consumo controlado”. Para algunos, este enfoque ha traído una gran ola de esperanza; para nosotros, es una propuesta que carece de sentido. Pensamos que esta nueva fórmula de tratamiento está motivada por varios factores:

  • No me quiero despedir de la botella: En general, el alcohólico no quiere que se les proponga la abstinencia total; siempre guarda la ilusión de poder controlar su consumo. En cuanto se le habla de abstinencia, se cierra, no quiere tocar más el tema y huye; no vuelve a ver a su médico, a su psicólogo ni a cualquiera que le haga esa propuesta.
  • Bajar el listón para subir los porcentajes: La vuelta futura a un consumo moderado se propone para que los alcohólicos acepten con más facilidad el programa de abstinencia. No hay que olvidar que nada más entre el 15-20% de los alcohólicos buscan ayuda, lo cual representa un porcentaje extremadamente bajo. Este hecho motiva a muchos terapeutas a tratar de aumentar ese porcentaje por todos los medios, teniendo en cuenta las gravísimas consecuencias personales, sociales y económicas que representa la adicción.
  • No es mi droga “estrella”: Hoy es muy frecuente el policonsumo. Por eso, entre los consumidores de varias sustancias se suele emplear el término “droga estrella” para designar aquella de la que se sienten más dependientes. Por ejemplo, el cocainómano que sale de copas no se considera alcohólico porque su droga estrella es la cocaína. Por eso cree que si deja de consumir cocaína podrá controlar el consumo de alcohol sin que le genere problemas. Su percepción es que solamente consume en exceso, pero sin ser alcohólico. A su parecer, eso le ayudaría a poder controlar su consumo. 
  • ¡No hay que ser tan radicales! Hay profesionales que no consideran el alcoholismo una enfermedad que exija la abstinencia para recuperarse. Dicen que eso no les da a los alcohólicos una oportunidad de cambiar; que la abstinencia total es una idea retrógrada, fundamentalista y hasta fanática, basada en opiniones y no en estudios científicos, y piensan que el consumo moderado es posible para un alcohólico.

¿Habrá alcohólicos que después de un tiempo de abstinencia puedan controlar su consumo? Los estudios indican que no y la experiencia nos dice a diario que todos pacientes que han recaído han tratado de controlar, pero con rapidez han perdido ese anhelado control. Después de la primera copa, la dependencia se desarrollará 700 veces más rápidamente que la primera vez. Esto hace que la recaída sea enormemente peligrosa e imprevisible. En el caso de un policonsumo por ejemplo a la cocaína y al alcohol, si el adicto minimiza la importancia del alcohol entonces multiplicará 700 veces el riesgo de recaer nuevamente en el consumo de ambas sustancias.

Por eso, la abstinencia es la propuesta más adecuada, aun si no es lo que el alcohólico quiere escuchar. Quizás alguno logrará controlar, ¿pero cuántos ponen en riesgo sus vidas y las de los demás tratando de lograr ese objetivo?

Hace unas décadas circulaba una estadística respecto a la recuperación de los alcohólicos: se decía que 1% de ellos podría volver a un consumo «normal». Lógicamente, ¡el 100% de los pacientes pensaban que ellos formaban parte de ese 1%! Esto ilustra la esperanza profunda de los alcohólicos de poder controlar su consumo.

Es más, esta propuesta manda un mensaje perverso a la mente de muchos alcohólicos abstinentes que, de repente, se sienten tentados por el consumo controlado y empiezan a dudar si son realmente alcohólicos. Es como despertar una esperanza secreta que siempre estuvo ahí latente. En efecto, el duelo que deben hacer para despedirse del consumo les resulta tan difícil que, si aparece cualquier ocasión que les devuelva esa esperanza, la tentación de ensayar se torna irresistible. A pesar de que durante años han tratado de controlar su consumo y han fracasado, el hecho de enterarse de estas nuevas propuestas les hace sucumbir a la tentación de volver a tratar de controlar.

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