La adicción tan solo es la punta del iceberg que deja bajo el agua la mayor parte de su dimensión. Se puede decir que la adicción es un síntoma de algo más profundo, no se trata solo de ese problema, puede esconder un gran sufrimiento, una sensación de incapacidad, heridas sin cerrar, una búsqueda errática para llenar un vacío emocional que solo hace exacerbar aún más el dolor.

Las personas que quedan atrapadas en el laberinto de una adicción, están buscando realmente de una manera desesperada un bastón que los sostenga o que les ayude a aliviar su malestar o una alternativa que les “anestesie” para escapar de alguna forma de una realidad que no se les presenta agradable. Cuando se habla de adicción, se nos viene a la cabeza la persona consumidora de tóxicos que tiene un deseo irrefrenable de consumo y pierde el control, pero en realidad se trata de algo que va más allá.

Un adicto es una persona que busca en algo externo, ya sea un tóxico, una medicación, una persona, cosas materiales, el juego, la comida, el sexo… y en esa búsqueda intenta aliviar el dolor interno. Entonces acaba cediendo su poder a algo fuera de sí mismo, perdiendo así su libertad en el intento. Termina siendo esclavo de su adicción y el sufrimiento, en vez de mejorar, se descontrola a niveles aún mayores. La salida pues, está dentro y no fuera.

La adicción no deja ningún territorio sin invadir, se apropia de todo. La persona termina siendo una marioneta en manos de esa dependencia y si esa búsqueda era para encontrar algún resquicio de felicidad, termina convirtiéndose en la mayor de las desgracias.

La lucidez va sucumbiendo cada vez más a la oscuridad, el centro de sus vidas se reduce a encontrar nuevas y mejores oportunidades de consolidar el reinado de la desolación y cada vez es más difícil que encuentren otro propósito vital que pueda convivir con la adicción.

El adicto es un buscador constante de sí mismo. Las acciones que realiza para conseguirlo producen un alivio cada vez más corto en el tiempo. Acaba perdido en un laberinto, sin saber encontrar la salida ya que centra su búsqueda de una forma y en un lugar equivocado, intentando volver a conectarse con sí mismo y termina con sentimiento de culpa y conduciéndolo a la desconexión con la corriente de vida.

La adicción pues, es un signo o un síntoma, una llamada desesperada de atención que nos muestra las limitaciones o carencias que posee su yo profundo. De esta forma, el dolor, la frustración, la insatisfacción, el autoengaño, la autopercepción negativa, etc. no sólo se origina por la dependencia en sí misma, sino de la sensación de destierro en la que viven en su amnesia del yo profundo, es decir, por el olvido de quiénes son, de cómo sienten, de sus anhelos más profundos.

La raíz de la insatisfacción que nos conduce a las conductas dependientes de algo o alguien está entonces en la separación del yo y el duelo por la pérdida de sí mismos y de la conexión con su yo profundo. Esto hace que se sientan desorientados, tratando con una persona que no conocen y con muchos miedos e inseguridades hacia esa persona que vive en un aislamiento existencial, en  su percepción distorsionada de la realidad. Les acompaña entonces un profundo sentimiento de desarraigo que les lleva a vivir desde la ansiedad y el miedo y como no son capaces de gestionar adecuadamente sus emociones, tienden a buscar alivio en algo exterior creyendo que resolverá esas carencias y limitaciones. Buscan poder ser completados, algo que mitigue  en cierta medida su soledad.

Una persona que se pierde a sí misma, es una de las mayores desgracias ya que podrán estar físicamente con otros, pero nada terminará de satisfacerlos del todo porque no sabrán ni entenderán qué esperan de la vida, qué quieren, qué sienten y esa búsqueda constante les genera un desgaste psicológico y emocional desmesurado y siguen sintiéndose vacíos porque les falta la persona más importante, él mismo.

De alguna manera, gran parte de nosotros mismos somos adictos, ya que una adicción es una dependencia y solemos vivir dependiendo siempre de algo externo, muchas veces tan solo como estrategia para intentar “tapar” huecos o malestares. Siempre será más fácil centrar nuestra atención en lo de fuera porque poner el foco dentro de nosotros mismos es un proceso doloroso y se tiene mucho miedo a sufrir, aunque en este caso sea sanador.

Sara Varela Moreno,

Enfermera especialista en adicciones

Os dejamos un vídeo de Sara Varela, Enfermera especialista en adicción y coadicción y experta en intervención psicológica en conflictos familiares, donde nos habla de la coadicción y el perfil del coadicto.

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