Cuando en una familia se hace evidente la noticia, se produce una enorme conmoción. ¿Desde cuándo? ¿Qué consume? ¿Dónde lo obtiene? ¿En qué ambientes se está moviendo? ¿Se ha metido en algún lío? ¿Qué le está pasando? ¿Cómo no nos hemos dado cuenta antes? Y la pregunta clave: ¿Qué debo hacer? Porque, sobre todo, no es adecuado lanzar recriminaciones al cónyuge ni a la sociedad; tampoco instalarse en el sentimiento de culpa. Es necesario actuar. Pues aquí van unas orientaciones:

  1. No niegues el problema

Es duro aceptar la realidad, por eso se niega el problema. El orgullo, la vergüenza o el dolor por la confianza traicionada por el hijo no permiten un mínimo de objetividad al principio: “Mi hijo no es como los otros”. Se puede negar el problema de muchos modos: restándole importancia, alegando que son “cosas de jóvenes”, pensando que con la edad esas conductas se resuelven solas, mirando hacia otra parte… Superada esta fase de negación, la familia comenzará a tomar cartas en el asunto.

  1. Acepta la situación

Aceptar la situación es abrir los ojos a la realidad que vive su hijo. Es decir, aceptar al hijo que tiene delante, no al que tiene en su cabeza. Comience a observarlo con otros ojos, con la atención del que quiere descubrir, comprender profundamente a la persona con quien vive, dándose la opción de que el hijo puede ser muy diferente a como lo habías imaginado. Y acepta la discrepancia: no tenéis por qué entender la vida de la misma manera.

  1. Afronta la situación con tu hijo

No estés dispuesto a todo por tu hijo… pero sin tu hijo. Habla, comunícate con él, decididamente, sin miedo, para lograr sacar al máximo la verdad, sabiendo que seguramente él continuará mintiendo. No olvides que, generalmente en la primera fase, la característica del adicto es la negación, la mentira, el victimismo y la manipulación.

  1. Busca ayuda especializada

Da igual cuánto ames a tu hijo: una enfermedad no se cura con paciencia y asumiendo muchos sacrificios. Hay que ponerse en manos de médicos, psicólogos, psiquiatras, terapeutas… sólo una ayuda especializada pondrá punto y final a la enfermedad de la adicción. No se desanime si él no quiere acudir a un centro especializado en adicciones, esto es normal, es la negación. Lo importante es que usted como padre, madre, hermano, novio, esposa, participe: él vendrá después.

  1. Resolver un problema de adicción implica tiempo

El tratamiento es un trabajo largo, donde hay que poner mucho empeño y paciencia. Desconfía de las soluciones mágicas. Los estudios y la experiencia son unánimes: los mejores resultados se requieren entre dos y cuatro años. Si piensas en menos tiempo, estás disparando el porcentaje de riesgo de recaída. Da igual lo bien que veas al paciente: su cabeza necesita tiempo.

  1. Nuevas pautas de vida

Reorganiza sus horarios, sus ocupaciones, tratando de aumentar la participación en la vida de familia. Es necesario buscar una unión en las actividades diarias: trabajos, ocio, etc. También ponle límites claros y concisos, que no se presten a interpretaciones. Y, sobre todo, si no cumple él su parte, cumple tú la tuya. Es decir, si no llega a las 12, no le dejes entrar; si se lleva el coche sin permiso, denuncia. Del mismo modo, debes verificar sus afirmaciones, porque el adicto es mitómano; hay que controlar estrechamente el dinero que maneja; no se le debe dejar solo ni con compañías tóxicas, etc. 

Un consejo: no se lo pongas fácil. Si no pone de su parte, que no disfrute de las comodidades de un hogar: comida en la mesa, sábanas limpias, baño de agua caliente, dinero en el bolsillo… O colabora, o que se busque la vida en otra parte. A esto se le llama “amor duro”. Es decir, “no te voy a dar lo que necesitas para seguir consumiendo”.

  1. Una nueva forma de apoyo familiar

Con el descubrimiento de un miembro con dificultades adictivas, se abre una etapa donde la familia debe participar en reuniones con otras familias que tienen el mismo problema. La terapia familiar “paralela”, integrada con la guía de un profesional especializado en adicciones, es de gran importancia en todo el tratamiento. El adicto poco a poco va aprendiendo que “solo tú lo puedes hacer, pero no lo puedes hacer solo”. Debe estar junto a otros compañeros en recuperación, con los cuales va a crecer en todos los sentidos. Lo mismo vale para las familias: es necesario que conozcan las experiencias de otras personas que han pasado o están pasando por dificultades semejantes.

  1. Sé firme en el combate

Es importante soportar con paciencia y firmeza la tenaz insistencia del hijo por abandonar el tratamiento, por juzgar absurdo todo lo que suene a terapia, por poner en tela de juicio a sus terapeutas o los métodos de rehabilitación, por quejarse de absolutamente todo lo que se hace en el centro. En realidad, lo que busca es huir del control o generar el malestar que necesita para justificar su próximo consumo. Para ello amenazará con represalias, intentará chantajes, enfrentará a los padres, a los hermanos entre sí, formará alianzas con otras personas (abuelos, pareja, amigos) para sabotear la firmeza de la familia y terminar por salirse con la suya.

Guadalsalus cuenta en con un programa de carácter ambulatorio y otro residencial con el único objetivo de lograr una superación definitiva de la conducta adictiva. 

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