A la adicción se la conoce popularmente como “la enfermedad del autoengaño”. Todos los adictos se autoengañan. El autoengaño es distinto a la mentira. Con la mentira distorsionas la realidad voluntariamente, con conocimiento. El autoengaño, por su parte, es un recurso del cerebro para acabar convenciéndote a ti mismo de cosas que no tienen justificación posible. Es decir, con la mentira te engaño a ti; con el autoengaño, me engaño a mí.

Todo el mundo sabe que las drogas son perjudiciales. También lo sabe el adicto, que es el primero que sufre su enfermedad y ve claramente que las cosas no pueden seguir así. El problema es que ha perdido el control sobre su consumo: necesita consumir… Por eso se pone en marcha la maquinaria de las justificaciones. 

Aunque todo el cerebro está conectado de forma simultánea, aun a riesgo de simplificar podríamos describir el mecanismo del autoengaño como un efecto dominó. El cerebro reptiliano envía un mensaje apremiante que dice “consumir es cuestión de supervivencia”. Entonces el cerebro límbico genera emociones negativas, angustia, ansiedad, agresividad… La siguiente ficha que cae está en el neocórtex cerebral, que busca los argumentos adecuados para justificar ese consumo ante ti mismo. 

De esta manera, es como el adicto termina justificando lo injustificable. ¿Te suenan frases como éstas? “Una raya un fin de semana no es consumir”, “pero si todo el mundo fuma porros”, “el porro hace menos daño que el tabaco”, “ahora bebo un poco más porque estoy pasando una mala racha”, “yo lo dejo cuando quiera”, “tranquilo que controlo”… Todos son autoengaños muy básicos que tienen un único objetivo: hacer que mantengas el consumo sin reconocer que tienes un problema. Un problema de consumo de drogas, de adicción.

Todo aquel que se autoengaña no es consciente ni por asomo de que lo hace. Esa es la finalidad, hacerte creer lo que te interesa creer. Por eso ningún adicto reconoce que lo es. Si eres familiar de un adicto, evita decirle que se está justificando. ¿Por qué? Porque lo negará. No creas que lo niega para mentirte. La mayoría de las veces lo niega porque realmente lo cree así. Cree que controla su propio consumo, que puede dejarlo cuando quiera y que, para ello, no necesita la ayuda de nadie.

Esta creencia es un espejismo que, cuanto más tiempo pase, más asentado estará en la conciencia del adicto. Cada vez estará más convencido y lo creerá con más fuerza. Entonces será más difícil de desmontar. ¿Cómo hay que actuar, entonces? Cuestionarte honestamente o permitir que, al menos, quienes más te quieren te cuestionen. Esto se hace mediante unas preguntas sencillas que, por lo menos, hagan que te cuestiones tus propios autoengaños. Las veremos en los siguientes artículos…

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