Desde Guadalsalus hemos señalado en varias ocasiones y medios cómo el consumo generalizado de alcohol se ha disparado hasta índices alarmantes durante el tiempo de confinamiento. Sin embargo, es bastante llamativo el índice de incremento del alcoholismo entre mujeres en los últimos meses.

Hemos hablado en artículos anteriores de la relación entre el alcoholismo y la represión social sufrida por tantas mujeres, que optan por ocultar su adicción. Y también hemos visto cómo esas tasas de consumo no se han podido ocultar durante tantos días de confinamiento, quedando a la luz la problemática que padecen.

Hay un factor añadido en esta perspectiva de género: el maltrato. La convivencia prolongada en condiciones extremas a nivel emocional, profesional, económico, la incertidumbre… También es casi imposible el control de impulsos en personas adictas que no tienen ahora acceso al consumo de sustancias. Como consecuencia, los casos de violencia familiar y, en particular, la de género se han disparado.

El ministro del Interior Grande Marlaska ha asegurado que desde al pasado 14 de marzo se ha intervenido en 153.730 actuaciones por violencia de género, lo cual se ha saldado con más de 4.100 detenciones. J. Gómez Moya, de la Universidad de Valencia, sostiene:

“Estudios más recientes incluyen el maltrato en el perfil de mujer alcohólica. Esta situación se da tanto en las propias usuarias como en las que acuden para apoyar a sus parejas. Estos trabajos estiman que la incidencia de problemas de alcohol en familias que experimentan violencia puede situarse entre un 50 y un 75%”.

El aislamiento y el incremento de la violencia de género están destapando a los ojos de la sociedad el aumento exponencial del consumo de alcohol entre las mujeres.

Existe además una vinculación poco conocida entre dos dependencias que se dan en algunas mujeres: dependen del alcohol y, al mismo tiempo, dependen de su maltratador.

La educación machista ha formado tradicionalmente a mujeres con una enorme falta de autonomía personal. Se las ha educado desde niñas para ocuparse de los demás, pensando que sólo de este modo no se quedarán solas y serán necesarias para alguien. En cambio, ocurre justo lo contrario: esta carga educacional aumenta la soledad y la conciencia de su inexistencia social. Es una educación por la que ellas se sienten mal si se ocupan de sí mismas.

Desafortunadamente, la mujer siempre ha tenido que estar pendiente de alguien para justificar socialmente su existencia. Se le ha permitido desarrollar su autonomía únicamente en función de otro, o para proteger a la familia.

Según algunos estudios, hasta hace un par de décadas muchas mujeres alcohólicas  necesitaban depender de alguien para sentir que existían. En muchas ocasiones, la mujer respecto al consumo de drogas tenía un papel dependiente. Es decir, necesitaba del hombre para adquirir sustancias, consumir o, directamente, era el hombre quien la introducía en el consumo.

Hoy, sin embargo, la revolución feminista, las políticas de igualdad y la evolución cultural, entre otros factores, hacen que muchas mujeres tengan un grado de autonomía personal que les permita no necesitar de la dependencia con un chico para el consumo.

No obstante, cuando hablamos del caso de una mujer adicta y maltratada, ésta suele adquirir también el perfil de coadicta de su maltratador, lo cual suma una extraordinaria complejidad a su proceso de rehabilitación. En Guadalsalus conocemos esta perspectiva de género en la adicción y disponemos de un equipo interdisciplinar altamente cualificado para abordar un tratamiento con garantías de éxito.

Si te preocupa las tasas de consumo de alcohol en algún miembro de tu familia o quizás llevas tiempo expuesto a sus efectos, estás corriendo un grave riesgo. Si necesitas asesoramiento, llama al 954 353 954 y pide una cita con nosotros. La 1ª Consulta es gratuita. En Guadalsalus estamos especializados en perspectiva de género y sabemos cómo ayudarte.

 

 

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